lunes, 21 de enero de 2013

Botón nostálgico

El trabajo que hacía el zapatero era único. Pronto llegó a él la industria y dejó de coser, pero seguía siendo único. Dejó de cortar, pero seguía siendo único. Dejó de colocar ojales, ahora lo hacía una máquina. Pero seguía siendo único. Dejó luego el teñido, el lustrado, y se dedicó pronto tan solo a venderlos. Entonces dejó también de sumar y restar el cambio. Pasó a presionar números y a clasificar, pero también pronto dejaría de hacerlo. Hoy, el pobre anciano zapatero observa a los clientes entrar en su tienda y los saluda amablemente. Los visitantes le contestan, se dirigen al mostrador, hacen su pedido y una máquina les soluciona sus problemas, desde un pasador enredado hasta una suela partida. Entretanto, se preguntan qué hará ese viejo ahí sentado. Siempre lo ven presionar un botón, nostálgico.

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¡La primera entrada del año! Wiuuuuu... Sí, no es cosa para celebrar, he tardado demasiado. Pero ahí tienen, para que se pongan tristes cada vez que vean un botón abandonado en la calle.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Vigilia del Fin del mundo

Foto: YunPhoto
El anciano asoma la vista por sobre el periódico, observa el reloj de pared con cierta nostalgia y sonríe, burlándose del continuo tictac. El muchacho recibe una llamada, contesta y ríe por cualquier tontería. Lanza un vistazo al reloj, escéptico, y lo olvida pronto. El niño juega, sus ojos se elevan de pronto y se mantienen pegados a los segundos, abraza sus juguetes y corre en busca de su madre. Sobre la alfombra, la mascota duerme.

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Como siempre, aquel sentido extraño que se les atribuye a los animales, ése que les dice que algo está por suceder, esa facultad nohumana será ignorada y se le dará preferencia al amarillismo televisivo, aliado eterno de la dictadura del reloj, que se mofa del mundo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Sobre los besos en la calle

Besarla. Morder sus labios, saborear amargura. Bajar por su cabello hasta su cintura, llevarla hacia ti y confiar en el azar, mas no en la fría pared que los ha acogido y hacia la que van a parar sus infidentes deseos. Confiar en el azar, mas no en la multitud que camina cerca, como si no existieran, pero ser denegado por un claxon, levantar el rostro, abandonar un instante el deseo y contemplar el azar, un bus amarillo que recorre la avenida y un niño con cabeza de caballo en su interior. Abandonar los labios porque los ojos se pegan al caballo, al niño, a la cabeza, dejar de ceñir la cintura, oír un relincho, creer haberlo oído, dejar de sentir, y ella no, que el caballo, el niño, la cabeza, importan más. Ser abofeteado y no poder relinchar.

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Es ese tipo de cosas que forman parte del paisaje urbano y merecen ser anotadas, pues su repetitividad las llega a convertir en situaciones de nula atención. Debemos mirar, mirar con atención, y cuidadosamente para evitar golpear la vista contra una pared de vidrio translúcido o una cabeza de caballo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Trapecio

Hagamos acrobacias. Saltemos hacia el trapecio y hagamos piruetas imposibles; intentemos caer nunca en la red, hagamos un drama; que todos rían. Pongamos en riesgo golpearnos la cabeza y yacer muertos. Sería un final excitante.

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He aquí "Trapecio", y un dibujito mío. A veces, cuando quiero publicar algo, no encuentro imagen en la red por más que busco, entonces hago estas cosas. El espectáculo, señores, debería continuar, pero me convierto en un rebelde y decido cortarlo para dejarlos estupefactos ¡Voilà!

sábado, 8 de septiembre de 2012

Historia

Prometeo (Grabado)
El hombre se reinventa. Da rienda suelta a un conjunto de códigos culturales, valores, creencias, onomatopeyas... Ensambla las tablas de su historia, construye un monumento de infinitas proporciones y se eleva sobre nuevas tierras, cada vez más alto, cada vez más lejano de su origen.

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 Tomamos la vida, la colocamos al centro y nos preguntamos por su sentido, luego por el sentido de la historia en general, y por el devenir de ésta. Quién sabe a dónde iremos, quién sabe...