lunes, 26 de noviembre de 2012

Sobre los besos en la calle

Besarla. Morder sus labios, saborear amargura. Bajar por su cabello hasta su cintura, llevarla hacia ti y confiar en el azar, mas no en la fría pared que los ha acogido y hacia la que van a parar sus infidentes deseos. Confiar en el azar, mas no en la multitud que camina cerca, como si no existieran, pero ser denegado por un claxon, levantar el rostro, abandonar un instante el deseo y contemplar el azar, un bus amarillo que recorre la avenida y un niño con cabeza de caballo en su interior. Abandonar los labios porque los ojos se pegan al caballo, al niño, a la cabeza, dejar de ceñir la cintura, oír un relincho, creer haberlo oído, dejar de sentir, y ella no, que el caballo, el niño, la cabeza, importan más. Ser abofeteado y no poder relinchar.

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Es ese tipo de cosas que forman parte del paisaje urbano y merecen ser anotadas, pues su repetitividad las llega a convertir en situaciones de nula atención. Debemos mirar, mirar con atención, y cuidadosamente para evitar golpear la vista contra una pared de vidrio translúcido o una cabeza de caballo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Trapecio

Hagamos acrobacias. Saltemos hacia el trapecio y hagamos piruetas imposibles; intentemos caer nunca en la red, hagamos un drama; que todos rían. Pongamos en riesgo golpearnos la cabeza y yacer muertos. Sería un final excitante.

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He aquí "Trapecio", y un dibujito mío. A veces, cuando quiero publicar algo, no encuentro imagen en la red por más que busco, entonces hago estas cosas. El espectáculo, señores, debería continuar, pero me convierto en un rebelde y decido cortarlo para dejarlos estupefactos ¡Voilà!

sábado, 8 de septiembre de 2012

Historia

Prometeo (Grabado)
El hombre se reinventa. Da rienda suelta a un conjunto de códigos culturales, valores, creencias, onomatopeyas... Ensambla las tablas de su historia, construye un monumento de infinitas proporciones y se eleva sobre nuevas tierras, cada vez más alto, cada vez más lejano de su origen.

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 Tomamos la vida, la colocamos al centro y nos preguntamos por su sentido, luego por el sentido de la historia en general, y por el devenir de ésta. Quién sabe a dónde iremos, quién sabe...

jueves, 23 de agosto de 2012

La chica que dejaste en la sala de espera

Foto: Tallerlaotra
¿Y qué hará? La chica que dejaste en la sala de espera tiene ojos muy atentos. Hermosos, escrutan a la gente alrededor mientras suspira, quién sabe por qué, y se acomoda la cartera al hombro. Cruza los brazos, vuelve a suspirar y baja la mirada por un segundo sintiendo una nostalgia inexplicable. La chica que dejaste en la sala de espera tiene ojos muy atentos, hermosos, ¿y qué harán?, si, la verdad, nunca esperan ver a nadie.

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Hace algunos días falleció un amigo mío. Compartía con él muchas cosas, así que decidí que le escribiría algo en Errror de Imprenta, donde trabajábamos juntos, pero las cosas resultaron no ser tan sencillas. Aún ahora no puedo escribirle nada. Es como si se me hubiera inutilizado la imaginación cuando lo intento. En fin, no es posible para mí al menos alcanzar saberes metafísicos, así que no puedo decir que él leerá esto (es improbable), pero es una manera de sacármelo de encima. Este pequeño texto está dirigido a él, es una pregunta que ha rondado mi mente en los últimos días. Es lo único que me ha dado resultado. Como sea, ojalá haya gustado. Gracias por leer, y disculpen por hablar demás [ =) ]

viernes, 17 de agosto de 2012

Fúnebre

Cementerio de autos
Inocencia, revuelve el aspecto fúnebre del carruaje y el pésame con las sobras inconsistentes de la memoria recién caduca. Imagina la melodía, el suave devenir del cielo en prensa de chatarra, el sonido de los autos reciclados al morir, al ser reducidos a su forma más llana y alienada. El sonido, aquel "¡Crunch!" y su consecuencia póstuma, la liberación de las tuercas, tornillos y más. Revuelve. Revuelve su aspecto y su condición de malagüero, su color fúnebre, sus piezas frías y demás                     con el cadáver.

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La vida se termina. Nacemos con la muerte como destino, pero felizmente no tenemos fecha de caducidad. No somos como los autos y demás productos cuyas vidas útiles están previamente limitadas, al igual que sus funciones. Somos distintos, somos capaces de descubrir siempre cosas nuevas en nosotros a pesar de tener en común el ser humanos.