Crónica sobre la vida de Alina, una muchacha normal, en un mundo normal e interconectado, en la era de las redes sociales.
.+.+.+.+.+.+. Facebook: ¿Quieres ser mi amigo?.+.+.+.+.+.+.
Alguien toca la puerta.
“¿Puedo ser tu amigo?”. Alina se lo piensa, no conoce a esta persona, pero le
da curiosidad quién sea, entonces lo deja pasar e intercambian llaves. El
desconocido ingresa a su sala y la queda mirando. Observa cada detalle, coge
los diarios y revistas de la pequeña mesa y advierte lo que le gusta leer. Más
allá hay un mueble con un minicomponente, lo revisa, presta especial atención a
sus gustos musicales “¿Qué radio estaba escuchando antes?”, los CD dispersos en
el estante le dan una idea de sus grupos preferidos, especialmente el póster de
los Beatles que tiene a un lado de la pared. Sin más que le llame la atención,
se dirige a la habitación, que Alina suele dejar abierta, por lo que no es un
problema para el desconocido. Revisa los cajones, los álbumes de fotos le
permiten saber cómo fue antes, qué hizo, quiénes forman parte de su familia.
También hay algo allí muy interesante, una caja de correspondencias. El
desconocido se entera prontamente de su vida privada, quiénes son sus amigos.
Pero el tiempo se le ha terminado, ya en otra ocasión continuará hurgando,
después de todo, tiene una llave. Alina, por su parte, se ha topado con una
sorpresa al visitar a su nuevo amigo: un apartamento pequeño, completamente
blanco, sin álbumes de fotos ni música ni revistas que leer, ni cartas. Solo
puede diferenciar, colgada a un lado en la pared, una camiseta de fútbol,
supone que de su equipo preferido. Antes de irse, el desconocido le deja una
nota en la puerta “Eres muy bonita”. Al regresar Alina a casa, le presta poca
importancia, ¿qué importa lo que diga un desconocido sobre ti, incluso si tiene
la llave principal de tu casa?
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Imagen tomada de Aquí |
Por supuesto, algo así
nunca pasaría en la vida real. Alina no es tan tonta como para darle las llaves
de su verdadera casa a un completo desconocido, sería descabellado, pero ¿qué
pasa si lo que entregas en cambio es el acceso a tu información personal en una
red social? ¿Vale tu información tan poco como para dejársela a cualquiera?
Probablemente Alina no piense así. Ella comienza su día escuchando el timbre
molesto de su reloj-despertador, se da ánimos, enciende la PC e ingresa a
Faceboook, ¿qué ha sucedido en el mundo mientras Alina dormía?, ¿qué han dicho
sus amigos sobre ella, esos amigos madrugadores?, o sobre sus amigos,
¿comentaron su nuevo estado, de estar feliz por haber conocido a su actor
preferido en una conferencia?, ¿le habrán creído? Ella espera que sí, y ríe al
leer sus comentarios, pasa por alto aquellos que no conoce pero que
curiosamente tiene como contactos. Ha recibido unas 5 invitaciones a distintos
eventos y actividades: ferias, fiestas, conciertos y el cumpleaños de un
antiguo amigo, piensa que hace mucho no lo ve, confirma su asistencia, igual
que con las demás invitaciones: le gustaría ir a todas, pero sabe que no
podría.
Tras este vistazo
rápido, Alina se dispone a ducharse, cambiarse y tomar un desayuno. El mundo,
sin embargo, continúa moviéndose. Se asegura de no perderse nada portando un
teléfono móvil con acceso a Facebook. Camino a clases en el instituto, responde
a algunos comentarios en sus fotos y descubre fotografías graciosas. Expresa su
agrado con un “Me gusta”, y si es lo suficientemente gracioso, no dudará en
emplear el botón de “Compartir”. En alguna de ellas se ha armado una discusión.
Es una fotografía sobre su actor favorito, aquél que acaba de conocer ¿Era o no
más sexy con barba? Alina piensa que no, le agrada más su aspecto actual, así
que entra a la discusión a dar su punto de vista. Pronto, recibe una gran
cantidad de “Me gusta” de aficionadas y aficionados que están de acuerdo con
ella. No los conoce, “A Carlitos le gusta tu comentario”, no sabe quién es
Carlitos, ni mucho menos “Tu lokitah xsiempre”, no tiene la más mínima idea,
pero le alegra ser apoyada incluso en temas tan mínimos y superficiales. Llega
a clase pensando en la barba del actor, pero pronto lo olvidará. Al terminar la
clase, volverá a hacer una revisión, encontrará una discusión más interesante y
volverá a ser apoyada.
Curiosamente, por la
tarde, de regreso a casa, ha visto la nueva actualización del actor y ha
recordado lo de su barba. Él ha enviado un saludo muy caluroso a sus fans que
lo vieron en la conferencia. Alina cree que la recuerda y escribe un
comentario. “Estuve ahí, me saludaste. Te amamos”. De inmediato, el hombre
contesta afirmativamente. Es difícil que haya visto a Alina entre tanta gente,
pero no puede negarse a un admirador. Por supuesto que a ella le emociona la
respuesta, y actualiza su estado diciendo que lo ama. Sus amigas fanáticas
pronto acudirán, incluso aquellas que no son sus amigas, y un desconocido, que
se alegra enormemente por ella.
Alina recuerda que lo
aceptó como amigo la noche anterior, ¿quién es? Aún no lo sabe, pero igual
agradece a todos los que la han llamado suertuda. Intempestivamente, una de sus
amigas la aborda por el chat, quiere saber los detalles, o al menos eso es lo
que le dice. Alina se emociona al recordar, pero una nueva ventana de chat se
ha abierto. Es el desconocido, que la saluda con un simple “hola”. La
curiosidad la lleva a contestarle, y es arrastrada hasta su perfil. Una vez más
comprueba que no lo conoce. Mientras, ella confirma que será imposible saber
quién es él, incluso por su poca cantidad de amigos, unos 20, advierte su
actividad registrada en su “muro”: “ha comentado la foto de…”. Se dirige hacia
esa otra persona, pero tampoco la conoce, es una chica. “Eres muy bonita”, dice
el comentario, “podemos vernos?”. Alina se extraña y siente miedo, sus fotos
pronto serían comentadas de la misma manera, y para entonces, comenzará a
rechazar al desconocido por el chat, y cuando esté harta, lo quitará de sus
contactos y actualizará su perfil, pidiendo a los desconocidos que no se
acerquen a su perfil. Pero, en primera instancia, ¿no fue Alina la que le
permitió el acceso? Su información terminó en manos del desconocido, su nombre
completo, los de su familia y amigos cercanos, la ciudad en que vive, el lugar
en que estudia.
¿Cuántas veces ha
revisado el desconocido su información?, ¿qué ha hecho con ella? Alina nunca lo
sabrá, y mucho menos lo sabrá de aquellos desconocidos aparentemente inactivos,
y sin embargo, los mantendrá en su lista de contactos mientras no la molesten
directamente. ¿Es esto culpa de la red social? Alina se siente culpable ella
misma, cree que si no lo hubiera aceptado desde un principio, no hubiera tenido
una experiencia tan desagradable. Pero ya es tarde, de nada sirve quejarse.
Mañana será otro día.